Aquí en México no eres Bienvenida

Antes de empezar, me gustaría aclarar que lo escrito aquí es solo mi opinión y sentir personal y no pretendo en ninguna forma generalizar, ni crear una imagen falsa o dura de los cruces migratorios de nuestro país.

Hace algunos días, leía algunas webs de viajeros  cuando me encontré con un post nada agradable sobre las fronteras de nuestro país. Hasta antes de esto tal vez por ignorancia, solía pensar que México era un país muy permisivo  con los extranjeros y en mi inocencia, imaginaba que en  cada uno de los puntos migratorios de nuestro país, incluidas  las fronteras del norte y del sur, vestían de fiesta,   cada  que algún foráneo intentaba cruzar  con el anhelo de conocer nuestra tierra.

 Y es que en un país con fama de de tener un pueblo sumamente hospitalario, suena absurda la idea de que en pleno siglo XXI, aún se utilicen los estereotipos o conceptos preconcebidos sobre un país, para juzgar y decidir quién sí y quien no,  tiene derecho a entrar a México.

Naty tiene 29 años y nació en Colombia. Apasionada por la vida, en 2010 decidió recorrer su país y tras dos años de viajes cortos, se aventuró más allá y viajo desde la Patagonia Argentina  y de vuelta a Colombia durante 9 meses. Posteriormente cruzo Centroamérica y llego hasta México, para volver a su país tras más de un año lleno de muchas emociones. Naty cuenta sus aventuras en su  página web http://cuentosdemochila.com/ y en sus redes sociales.

Hace algunas semanas, Naty tomo un vuelo desde Bogotá con destino a la Ciudad de México. ¿La idea? Probar el mundo de los viajes en compañía de su novio, quien la esperaba ansioso para recorrer juntos el norte de México y seguir viajando por Norteamérica.

Desafortunadamente en esta ocasión, el sueño quedo truncado por los agentes migratorios con los que se topó al aterrizar en México. Pueden leer la historia completa aquí: http://cuentosdemochila.com/viajes/a-mexico-no-entras/ 

A esta chica  le negaron la entrada a México por aparentes prejuicios hechos en su contra, por el simple hecho de ser Colombiana y tener que cargar con la misma cruz que cargamos los mexicanos, centroamericanos y demás nacionalidades. Perdón, pero no puedo llamarlo de otra forma.  Sus sueños y planes se vieron interrumpidos por el juicio de una persona, quien le dijo NO porque a su parecer,  presentaba errores e inconsistencias en una entrevista, que en primer lugar no tenía razón de ser, pero que a razón de las autoridades, estaba más que justificada:  ¡claro! ¡Vienes de Colombia! Y aquí los requisitos y la papelería en regla, PARA TI NO CUENTAN o mejor dicho, no importan.

Lo verdaderamente indignante no es la negación de entrada al país, lo que de verdad preocupa es la falta de cortesía, respeto y la violación a los derechos humanos que cometieron en contra de Naty.  No imagino las horas de angustia que padeció no solo ella,  sino su familia completa, al no saber qué estaba pasando y si estaba o no con bien.  La trataron como delincuente y casi no tuvo oportunidad de argumentar o defenderse para justificar su estancia en el país y los pocos argumentos que pudo aportar, quedaron destrozados en la sala de interrogación del departamento de migración.

En mi casi nula experiencia de trotamundos, (hasta hoy solo he viajado por México,  Estados Unidos y Canadá) la idea de las fronteras ásperas, son solo para los mexicanos; (inocente de mi) Y es que ¿quién no ha tenido una experiencia desagradable al intentar pasar a Estados Unidos?: largas filas, cuestionamientos absurdos, solicitud de un sinfín de documentación, perros olfateando cada rincón de nuestro auto e incluso tratos déspotas y groseros por parte de los agentes de migración. 

Mi poco conocimiento sobre otros países,  me limitan a extenderme en el tema, sin embargo, con el proyecto de nuestra vuelta al mundo, me he dado cuenta, de que algunos países  no serán fáciles de acceso con un pasaporte mexicano.

Con muchas dudas y sin entenderlo muy bien, se que las fronteras existen por alguna razón (?), lo que no concibo es la falta de tacto y amabilidad y sobre todo el maltrato hacia un extranjero o hacia cualquier ser humanosolo porque le tocó la suerte de nacer en un lugar, que a lo largo de su historia a ganado mala fama por culpa de algunos cuantos. Ejemplo claro de esto, aquí estamos los mexicanos, juzgados por otros como flojos, narcos, rateros, asesinos,  violadores y un sinfín de adjetivos, que nada tienen que ver con la mayoría de las personas que habitamos  este hermoso país.

Quisiera creer que en verdad es un caso aislado y que muy seguramente, el aduanal estaba atravesando un mal día, pero la realidad dista mucho de esto;  según los datos que las mismas autoridades colombianas proporcionaron a Naty, en promedio se regresan 20 personas diarias sin ninguna justificación concreta, la  pregunta es ¿POR QUE?

Como mexicana y futura viajera, me expreso en total desacuerdo con dichas prácticas; intento comprender los puntos que las autoridades alegan para negar la entrada a cualquier extranjero, pero no entiendo el maltrato, ni la violación de los derechos humanos. ¿Con que cara exigimos respeto a nuestro vecino del norte por la situación de los migrantes y los casos de abusos en contra de mexicanos en otros países, si nosotros mismos no predicamos con el buen ejemplo?  ¿Es de verdad una cruz y casi un pecado capital nacer en Colombia, México, Centroamérica o cualquier país victima de estigmas retrógrados? o ¿solo fue cuestión de “mala suerte”?

En mi mundo ideal las fronteras no existen y las barreras reales, son aquellas que le ponemos a nuestra mente; las nacionalidades, los colores de piel y los idiomas son solo ingredientes adicionales que hacen más atractivo este vasto mundo; ¿los pasaportes? Esos son libros donde coleccionamos experiencias de vida.

Finamente, en representación de mi país, pido una disculpa por el mal rato que le hicimos pasar a Naty, y hago una invitación a todas aquellas personas, que hayan pasado por alguna situación similar a que denuncien y hagan escuchar su voz. No importa el país, la nacionalidad o el pasaporte que portemos, estos actos no deberían suceder en ninguna parte del mundo y es nuestra obligación moral, hacerlos difundir.

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