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Estambul y la gracia del choque cultural (parte 2)

Estambul y el choque cultural: ¿Y ahora?

Con las mochilas al hombro cruzamos el umbral que dividía el estacionamiento del resto del edificio. Un claro rectangular se mostró ante nosotros.

Al centro se abría una calle llena de taxis; alrededor, un montón de oficinas con gente entrando y saliendo de ellas como hormiguitas. Frente a nosotros, un edificio viejo de dos pisos hacía de centro comercial improvisado.

Buscamos desesperadamente una oficina de cambio sin éxito alguno.  Nos dirigimos entonces al módulo de metro para  intentar comprar el boleto que nos llevaría a Bodrum. Digo intentar, porque solo traíamos levas búlgaras y unos cuantos euros en efectivo.

-Do you speak english? (¿Hablas ingles?)

-NO.

-Ok, ok, Ticket to Bodrum please (Está bien, Boleto a Bodrum por favor)

-No ticket.  (No boleto)

-Bodrum please (Bodrum por favor)

-No ticket (No boleto)

Lee la primera parte de este post

¿No había boletos? o ¿no nos querían vender? o tal vez no entienden lo que necesitamos ¿Es que nadie habla inglés aquí? ¿Qué demonios está pasando? Y mientras mi mente se llenaba de preguntas sin respuestas, mi vejiga empezó a presionarme, necesitaba un baño urgentemente.  

Volvimos a preguntar y la respuesta fue la misma. El empleado que intentaba atendernos se desesperó tanto con la insistencia, que le mando a hablar a uno de sus compañeros con un grado de inglés un pelo más avanzado.

Escuchamos lo peor: No hay boletos y la próxima salida es mañana a las 5 de la tarde.

No podíamos esperar hasta mañana. Salimos desesperados a buscar otra compañía; sin darnos cuenta había oscurecido, así que mientras nos abríamos camino entre la multitud, aferrábamos las mochilas a nuestro cuerpo, como si de ello dependiera nuestra vida.

Estambul y el choque cultural: Welcome to Istanbul my friend

Y en eso estábamos cuando apareció el personaje que marcó las primeras horas de nuestra corta estancia en Estambul y que vamos a recordar por el resto de nuestros días

-WELCOME TO ISTANBUL MY FRIEND, ¿TICKET? ¿TICKET? –Dijo un hombre de unos 30 y tantos años-

 Salió de la nada y se paró frente a nosotros, ¿Ticket? -No Thank you.-  Jale a Pedro por la camisa:

–Sigue caminando Pedro, seguro nos quiere estafar o robar o ve tú a saber qué.

–Miri, tal vez nos pueda ayudar.

-Ignóralo y sigue caminando.

Mis mecanismos de defensa se activaron y contagie con desconfianza a mi compañero.

En mi cabeza repase las historias de otros viajeros que confiados de algún local, dejaban que compraran los boletos de transporte por ellos y al final se quedaban sin boleto y sin dinero. No eran historias de Turquía, pero igual valían ¿O no?

Me sentí vulnerable. Era de noche, estábamos en un país completamente desconocido, el barrio no parecía seguro, nadie hablaba inglés, tenía hambre, necesitaba un baño, no teníamos internet, no había casas de cambio, no teníamos dinero local y mucho menos teníamos acceso al dinero de nuestra cuenta.

Quería llorar, quería a mi mamá y quería volver a mi zona de confort. Pero quería aventura la muchacha, me repetía una y otra vez.

Estambul y el choque cultural: El acoso

Seguimos caminando y preguntando en cada oficina que veíamos para recibir siempre la misma respuesta: NO TICKET, TOMORROW.  Y cada que salíamos de un lugar, el personaje en cuestión aparecía ¿Ticket my friend? ¡El hombre nos estaba siguiendo! Eran las 9.30 de la noche.

Después de mucha insistencia Pedro lo enfrento y le dijo:

-Yes, ticket to Bodrum today, not tomorrow. (Sí, boleto a Bodrum hoy, no mañana)

-Yes, my friend come with me (Si amigo, ven conmigo)

Hablando entre dientes como si el turco (así le llamaremos al personaje en cuestión a partir de ahora) fuera a entender el español, le reproche a Pedro lo que había hecho. No tenemos opciones, veamos a donde nos lleva –Dijo, mientras caminaba detrás de él.-

Cruzamos la calle y lo seguimos hasta una pequeña y mal trecha oficina. Sin entender nada de lo que decía, el turco comenzó a hablar en su idioma con uno de los empleados del lugar.

Después de observarnos de arriba abajo, el hombre del mostrador dijo la palabra clave,  BODRUM TICKET. Y siguió hablando cómo si lo entendiéramos.

Al ver nuestra cara desencajada, escribió en un papel: 22:00/ 110.00 TL

El autobús se iba en 30 minutos y cada boleto tenía un costo de 110.00 liras. La ceguera temporal respondió por mí, esto es muy caro. ¡Nos quieren robar! Además no traemos liras turcas y necesito con urgencia un baño.

Dejamos la oficina mientras el turco nos seguía y  decía ¡My friend, Ticket Bodrum!

estambul y el choque cultural

Bodrum, nuestro destino final

Estambul y el choque cultural

Bodrum es uno de los destinos más populares del país y el favorito de los extranjeros

También los restauranteros acosan...

En una mezcla de inglés y lenguaje corporal,  le dimos a entender al turco que solo teníamos euros. Hábil y listillo como él solo, nos dijo NO PROBLEM y estiro la mano esperando que le entregáramos el dinero.

Salimos corriendo del lugar y nos le perdimos entre los restaurantes de la acera de enfrente. Necesitábamos un lugar tranquilo para tomar decisiones.

¿Tranquilo, dije? La mayor parte de los restaurantes no formales y demás puestos callejeros de comida en Estambul, no conocen la palabra tranquilidad.

De pronto nos vimos envueltos en un montón de invitaciones a gritos para comer kebab, mientras nos ponían el menú casi en la cara. 

Me resultó graciosa la similitud entre los lugareños y los mercados de comida callejera en México.

estambul y el choque cultural

Estambul fue nuestro paraíso de comida callejera a muy buen precio

Elegimos el lugar y después de pedir algo del menú, pedimos la contraseña del WIFI.

El mesero apunto hacia nuestros teléfonos y estiro la mano. Me pareció curioso que a lo largo de nuestra estancia en Turquía esta conducta se repetiría en muchas ocasiones.

Protegen la contraseña del WIFi cual secreto de estado y nunca te la dan, siempre la escriben directo en tus dispositivos electrónicos.

Una vez conectados, Pedro se encargó de hacer circo, maroma y teatro para que alguien en México pudiera transferir nuestro dinero a la tarjeta de débito.

Mientras tanto, yo me aventure a ir a hacer lo mío al baño.

Estambul y el choque cultural: El baño

Después de atravesar medio bazar, llegue a los baños. Entre y abrí la primera puerta que vi, pero el movimiento fue instintivo y la cerré de nuevo inmediatamente; como esperando que al abrirla por segunda ocasión, lo que había visto desapareciera por arte de magia.

Un pozo en un piso completamente mojado con una especie de descansa pies, una manguera y una jarra de plástico hacían la función de baño.

Abrí las demás puertas esperando ver un sanitario “normal”  pero no encontré nada.

Me resigné. Cuando intentaba abrir la puerta de nuevo, aparece una señora de unos 60 años con su vestido largo y el típico hiyab en la cabeza.

Me hizo a un lado, entro al cubículo  y empezó a darme una catedra explícita sobre el uso correcto de este tipo de sanitarios.

Mientras me decía un montón de cosas en turco, se levantaba el vestido y me mostraba donde poner los pies. Después se puso en cuclillas e hizo un gesto cómo de “puje”.

Acto seguido, tomo la manguera, la jarra y a base de señas me explico como “limpiarme” correctamente.  Se puso de pie, se bajó el vestido y me invitó a pasar sonriendo satisfecha. Le agradecí.

La situación fue por demás bizarra, tanto que no supe si llorar o reír. 

estambul y el choque cultural

El baño de una de las casas donde vivimos. No es el mismo pero es muy parecido

Estambul y el choque cultural: Salgamos de aquí

De regreso a la mesa, contactamos por whatsapp a nuestro host que esperaba por nosotros en Bodrum.  De acuerdo a lo que él nos dijo, aún teníamos posibilidades de encontrar un autobús, así que dejamos el restaurante con la idea firme de salir de ahí como fuera.

Con la panza llena, la vejiga vacía y dinero turco en la mano, nos dirigimos de nuevo a las oficinas para comprar un boleto. 

Apenas habíamos avanzado unos metros cuando nuestro “viejo amigo”, el turco, apareció de nuevo.

-No ticket, my friend.

 En la desesperación y con el estrés que nos generaba tener una sombra tras de nosotros, empezamos a preguntar a cuanta persona nos pasaba por enfrente si hablaba inglés. Pasados unos minutos ¡BINGO!

Una joven que esperaba taxi fue nuestro segundo ángel. El primero siempre fue el turco, pero aún no lo sabíamos.

Le explicamos que necesitábamos llegar a Bodrum pero como no había boletos en ningún lado,  estábamos analizando la posibilidad de pasar la noche ahí.

No estamos en uno de los barrios más seguros de Estambul, en un par de horas éste lugar estará vacío y sin luz, por otro lado, es tarde para que se muevan y la zona hotelera está muy lejos de aquí -dijo con voz de preocupada-

Cuando abrimos la boca para contestar, el turco interrumpió. (Sí, todo ese tiempo estuvo a un lado de nosotros) Le contamos a la chica lo que el hombre había tratado de hacer y empezaron a intercambiar palabras entre ellos. Eran las 10:45 de la noche.

Estambul y el choque cultural: Aprendiendo a confiar en desconocidos.

-No conozco a este hombre, pero creo que está haciendo las cosas de buena fe. Dice que ha intentado ayudarlos toda la noche, pero que ustedes se han negado. Ahora no sabe si podrá encontrar una última opción de boletos para que salgan hoy mismo.  Creo que es una buena persona, deberían de confiar en él.

Nos deseó suerte y se fue.

Y el turco arremetió nuevamente. –Ticket my friend, come with me. (Boleto mi amigo, ven conmigo)

Nos guio hasta otra oficina donde intercambio palabras con la persona encargada de emitir los boletos. Finalmente nos entregaron un papel: 23:00/90.00 TL.

Aceptamos el trato. Hicimos la compra –venta directa con la compañía y nos entregaron un boleto en papel carbón con el nombre del destino escrito con pluma.  No entendimos pero lo tomamos igual.  El turco había desaparecido de la escena.

Mientras yo cuidaba las cosas, Pedro lo alcanzó para agradecerle. Su respuesta: Thank you my Friend, Welcome to Istanbul (Gracias amigo, Bienvenido a Estambul)

Tal vez buscaba una comisión, tal vez solo estaba siendo amable. La verdad nunca la sabremos.

De lo que si estamos seguros es que Estambul y Turquía nos estaban dando la primera lección: el miedo no es el mejor consejero, a veces hay que bajar un poco la guardia y aprender a confiar en desconocidos.

Estambul y el choque cultural

Estambul puede parecer un monstruo, pero es totalmente inofensivo

Estambul y el choque cultural: La cosa no termina ahí

Con boleto en mano cruzamos al patio donde aguardan los autobuses próximos a salir.  Un empleado de la compañía nos acompañó hasta la puerta del bus, el cual tenía un anuncio en la ventana que decía AYDIN.

Despachamos las mochilas en la parte baja y decidimos preguntar a los pasajeros que esperaban afuera si ese autobús iba a Bodrum. Nadie nos entendió.  Nos subimos igual.

Dentro del autobús nos recibieron con agua, café, té y panecillos gratis. El viaje duró 12 horas aproximadamente.

Entre la incertidumbre de no saber a dónde íbamos en realidad y las paradas que realizan los autobuses cada hora con la excusa de estirar las piernas e ir al baño no pudimos  dormir.

Apenas amaneció, aprovechábamos cada parada para preguntarle al copiloto si habíamos llegado a Bodrum. Su respuesta era siempre con las manos haciendo una señal de esperen, no todavía.

 

A las 9 de la mañana nos habló y nos dijo NO BODRUM, después hizo la señal con la mano de que nos pusiéramos de pie y lo acompañáramos.

Afuera esperaba un hombre por nosotros. Sacamos nuestras mochilas y nos metió a otra central de autobuses.

En un inglés muy precario nos dio indicaciones de no entregarle dinero a nadie y de que esperáramos ahí hasta que alguien nos llamara. No entendimos nada, pero seguimos confiando.

Una tercera persona apareció en escena, nos entregó unos boletos y nos dijo que esperáramos afuera. Después desapareció.

El momento más bochornoso y la parte final de la historia

Y  sucedió, el intestino de Pedro cobro factura por el kebab de la noche anterior y se fue corriendo al baño. Y para ponerle la cereza al pastel de aquella mañana agitada, el autobús que nos trasladaría a Bodrum apareció.

El chofer me quito los boletos y subió las mochilas al autobús. Después me hizo señas de que subiera, pero me negué. ¡No  podíamos irnos sin Pedro!

Entonces hice lo que cualquiera en mi lugar podría hacer… sin pudor alguno, me puse en cuclillas e imite la posición que la señora me había enseñado la noche anterior y puje con dramatismo, mientras le decía al chofer BAYAN BAYAN, WAIT!

Bayan es la palabra que vi en todos los baños, así que fue lo único que se me ocurrió; el problema es que yo no sabía que BAYAN significa mujeres en turco y no baño.  Ahora que lo recuerdo me muero de la risa, pero en su momento juro que no fue gracioso. 

Minutos más tarde del bochornoso momento, el autobús arranco rumbo a Bodrum.  Tras un retén militar, una revisión exhaustiva de nuestros documentos y algunas horas llegamos por fin a nuestro destino.

REFLEXIÓN

Es difícil transmitir el estrés, la angustia, el miedo, la desesperación y la confusión que sentí durante las 4 horas que estuvimos en Estambul por primera vez y que encima le transmití a Pedro. Jamás en todo el viaje nos había pasado algo así.

La culpa no es de Estambul, ni de Turquía, ni del turco que nos acosó toda la noche, ni de los baños, ni de la comida o el idioma. Tampoco culpamos a las circunstancias o a los momentos.

Ahora más que nunca, confiamos en que las cosas tenían que suceder exactamente de la manera en la que sucedieron, sin duda teníamos lecciones que aprender.

¿Qué hubiera pasado si el país destino fuera México y en lugar de nosotros, el recién llegado fuera un turco o cualquier extranjero que no domina el idioma y que además no tiene idea de cómo funciona el país? Central de autobuses norte en la Ciudad de México por la noche. ¿Se imaginan la escena?

estambul y el choque cultural

Y al final, nos fuimos amando a Estambul y al país entero

¿Existe el choque cultural? Sin duda. Pero también existe la desinformación, la ignorancia y la estrechez de mente.

¿Es peligroso Turquía? Lo peligroso son los estereotipos y las ideas infundadas por medios de comunicación amarillistas. Lo peligroso es adoptar esas ideas como verdaderas y no darse cuenta de lo que éste maravilloso país tiene para ofrecer.

Viajar no es el camino a la iluminación, sin embargo,  es el mejor maestro para romperte y reinventarte prácticamente cada 24 horas.

 

¿Tienen alguna experiencia similar en Estambul o en Turquía? ¡Nos encantaría leerlos!

3 Comentarios

  1. Responder

    Sandra rosas

    Solo puedo platicarte que cuando estuve en Estambul ,tambien visite el tan mentado baño y nunca supe si es la costumbre o suerte de principiante pero aunado a los famoso pies en el piso y la manguera ,a mi me toco ademas un baño mixto. Ups !!!

    1. Responder

      mirimijares

      ¿Baño mixto? Eso si es ponerte a prueba realmente hahahahah. No quiero ni imaginar las condiciones en las que estaba el baño. Hasta el día de hoy no hemos tenido esa experiencia de los baños mixtos, ya les contaremos cuando nos toque. Gracias por leernos Sandra:)

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